Perfil del autor:
Psicólogo, Magíster en Educación y fundador del Laboratorio de Habilidades. Su trabajo se centra en humanizar la tecnología para transformar los ecosistemas de aprendizaje.

La noticia ha sacudido el tablero económico nacional: el gobierno colombiano ha decretado un aumento del 23% en el salario mínimo.
Desde una perspectiva social y humana, la urgencia es indiscutible. Cualquiera que haga mercado hoy sabe que el salario mínimo actual es insuficiente para cubrir los costos básicos de una vida digna. La inflación y el costo de vida han erosionado el poder adquisitivo de las familias, y negar esa realidad sería tapar el sol con un dedo.
Sin embargo, como emprendedor y analista del ecosistema educativo y tecnológico, no puedo ignorar la otra cara de la moneda. Una cara que no sale en los titulares, pero que se discute con preocupación en las oficinas de las PYMES que conforman el 95% del tejido empresarial de este país.
La Ecuación Imposible para las PYME
Para una gran corporación, un aumento del 23% es un ajuste en el Excel. Para una microempresa, puede ser la diferencia entre contratar a alguien o cerrar el año en rojo.
No ahondaré en variables macroeconómicas complejas —se lo dejo a los economistas—, pero la realidad operativa es esta: cuando el costo de la mano de obra operativa sube de manera abrupta, la estructura de costos de un pequeño negocio se rompe. Y cuando la supervivencia está en juego, los empresarios buscamos alternativas.
Aquí es donde entra el factor que hace que este aumento sea diferente a los de hace 10 o 20 años: La disponibilidad y accesibilidad de la Inteligencia Artificial.

El Acelerador Involuntario de la Automatización
Históricamente, la automatización era costosa y compleja. Hoy, es barata y accesible.
Este aumento salarial, sin quererlo, ha alterado la balanza de decisión de miles de empresarios. Nos ha puesto frente a una pregunta pragmática:
“¿Sigo contratando personas para tareas repetitivas y operativas, cuyo costo acaba de subir un 23%, o invierto ese capital en automatizar esos procesos con IA?”
No es una decisión basada en la avaricia, sino en la eficiencia y la sostenibilidad.
Si un chatbot bien configurado (costo: bajo) puede atender al cliente el 80% del tiempo, ¿contrato a tres personas para soporte o contrato a una sola para que supervise a la IA? La respuesta del mercado será inevitablemente la segunda.
“Subir la Vara”: El Nuevo Estándar de Contratación
Aquí radica el verdadero impacto para el fortalecimiento de Habilidades.
Lo que estamos presenciando no es necesariamente el “fin del empleo”, sino el fin del empleo operativo de bajo valor agregado.
Al encarecerse la contratación, las empresas se volverán mucho más selectivas. El razonamiento será: “Si voy a pagar este nuevo salario (más prestaciones, más parafiscales), necesito que la persona que ocupe esa silla aporte un valor que ninguna IA pueda replicar”.
Estamos pasando de buscar “manos que hagan” a buscar “mentes que piensen”.

El Reto Educativo: ¿Estamos listos?
Esta coyuntura lanza una pregunta incómoda al sector educativo: ¿A quién estamos formando?
Si seguimos graduando estudiantes expertos en memorizar datos, seguir instrucciones básicas y realizar tareas mecánicas, los estamos graduando para un mercado laboral que ya no existe (o que no puede pagarlos).
Las empresas ya no podrán sostener roles puramente operativos. Por tanto, la educación debe girar violentamente hacia el desarrollo de las Human Skills (habilidades humanas) que justifican esa inversión:
- Pensamiento Crítico y Resolución de Problemas: No seguir el manual, sino saber qué hacer cuando el manual falla.
- Empatía y Conexión Humana: La IA puede procesar un reclamo, pero solo un humano puede calmar a un cliente enojado y fidelizarlo.
- Alfabetización en IA: Saber “domar” a la máquina. El empleado valioso del 2025 no compite con la IA, la usa para multiplicar su productividad.
Conclusión: De la Preocupación a la Acción
El aumento del salario mínimo es una realidad legal. La Inteligencia Artificial es una realidad tecnológica. Ambas han chocado en este preciso momento de la historia.
Como sociedad, no podemos detener ninguna de las dos. Lo que sí podemos hacer es adaptarnos.
Para los empresarios, el camino es la eficiencia tecnológica con responsabilidad social. Para los educadores, el camino es dejar de formar “robots biológicos” y empezar a potenciar lo inmensamente humano en cada estudiante.
Porque en un mundo donde lo operativo es caro y lo artificial es barato, el talento humano, creativo y estratégico será el activo más valioso de todos.
